Federico García Lorca
El poema «Lluvia» pertenece al Libro de poemas, la primera obra publicada por Federico García Lorca en 1921, aunque muchos de sus textos fueron escritos entre 1918 y 1920, durante los años de juventud del autor.
El poema presenta la lluvia como una presencia que transforma el mundo y despierta la vida, pero también como un estímulo para la reflexión íntima. A medida que la lluvia cae sobre la naturaleza, el poeta contempla cómo renacen los campos y las flores, mientras en su interior afloran sentimientos de nostalgia, melancolía y deseo. La contemplación del paisaje acaba convirtiéndose en una exploración de la propia conciencia, donde el recuerdo, el paso del tiempo y la imposibilidad de alcanzar ciertos anhelos ocupan un lugar central.
Lorca muestra que la naturaleza y el ser humano participan de una misma realidad emocional. La lluvia no solo fecunda la tierra, sino que también despierta los sentimientos más profundos del individuo. Esa dualidad entre la fuerza creadora de la vida y la tristeza que acompaña a la existencia convierte el poema en una meditación sobre la sensibilidad humana, donde la contemplación del mundo exterior refleja el estado del alma.
La lluvia aparece como símbolo de renovación, memoria y emoción, revelando una de las constantes de la poesía lorquiana: la unión entre naturaleza, música e interioridad, junto con la convivencia permanente entre la belleza de la vida y la conciencia de su fragilidad.
Reproducir el vídeo del Poema
Comentarios destacados a este poema en YouTube:
- Una maravilla como consigues evocar con tu voz y la música esa melancolía de un día lluvioso. Enhorabuena de nuevo y gracias
- Cuanta paz transmites a esas palabras tan llenas de melancolía! Las imágenes nos acercan y alejan con tanta delicadeza, de la lluvia constante y el movimiento de los árboles, que parece que no quieren distraernos de tu voz…un conjunto precioso!!
- Me encanta la lluvia, esa lluvia constante y tranquila que con tanto sentimiento recitas, esos cristales con gotas que caen mansas, ese vídeo tan apropiado, como siempre.
- Si bien Lorca nos dejó un legado tan intenso y emotivo, vosotros habéis conseguido llevarlo a la cúspide de la sublimación. Q exquisito trabajo. Gracias
- Los versos de Lorca, tu voz, esa imagen de lluvia obsesiva y bella… todo nos transporta a un día lluvioso. Lo habéis conseguido. Gracias por este regalo!
- Cada vez añadís más profundidad a la belleza que vive en los versos. Gracias
- Qué evocadora!!! Gracias mil por traerla al presente tan serenamente…
- …
La lluvia tiene un vago secreto de ternura,
algo de soñolencia resignada y amable,
una música humilde se despierta con ella
que hace vibrar el alma dormida del paisaje.
Es un besar azul que recibe la Tierra,
el mito primitivo que vuelve a realizarse.
El contacto ya frío de cielo y tierra viejos
con una mansedumbre de atardecer constante.
Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores
y nos unge de espíritu santo de los mares.
La que derrama vida sobre las sementeras
y en el alma tristeza de lo que no se sabe.
La nostalgia terrible de una vida perdida,
el fatal sentimiento de haber nacido tarde,
o la ilusión inquieta de un mañana imposible
con la inquietud cercana del color de la carne.
El amor se despierta en el gris de su ritmo,
nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,
pero nuestro optimismo se convierte en tristeza
al contemplar las gotas muertas en los cristales.
Y son las gotas: ojos de infinito que miran
al infinito blanco que les sirvió de madre.
Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio
y le dejan divinas heridas de diamante.
Son poetas del agua que han visto y que meditan
lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.
¡Oh lluvia silenciosa, sin tormentas ni vientos,
lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,
lluvia buena y pacifica que eres la verdadera,
la que llorosa y triste sobre las cosas caes!
¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas
almas de fuentes claras y humildes manantiales!
Cuando sobre los campos desciendes lentamente
las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.
El canto primitivo que dices al silencio
y la historia sonora que cuentas al ramaje
los comenta llorando mi corazón desierto
en un negro y profundo pentagrama sin clave.
Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,
tristeza resignada de cosa irrealizable,
tengo en el horizonte un lucero encendido
y el corazón me impide que corra a contemplarte.
¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman
y eres sobre el piano dulzura emocionante;
das al alma las mismas nieblas y resonancias
que pones en el alma dormida del paisaje!