Antonio Machado
«A un olmo seco» fue publicado por primera vez en 1912 dentro del libro Campos de Castilla. Este período coincide con la dolorosa agonía de su joven esposa, Leonor Izquierdo, quien fallecería de tuberculosis poco después de la redacción del poema.
El texto nos presenta un viejo olmo situado junto al río Duero, envejecido, dañado y aparentemente condenado a desaparecer. Sin embargo, el poeta observa con emoción que, gracias a la llegada de la primavera, han brotado en él unas pequeñas hojas verdes. A partir de esa imagen, contempla los distintos finales que podrían aguardarle al árbol —ser derribado, arrastrado por el río o consumido por el fuego—, pero antes desea dejar constancia de ese inesperado signo de vida que ha aparecido en él.
En ese contexto biográfico, el viejo olmo, deteriorado y casi muerto, adquiere un significado especialmente conmovedor. Cuando el poeta descubre que «algunas hojas verdes le han salido», interpreta ese pequeño brote como un signo inesperado de esperanza. Así como el olmo ha mostrado un inesperado renacer, él desea que ocurra un «milagro» semejante en su vida, la recuperación de Leonor.
Al mismo tiempo, el poema no se reduce a esa circunstancia personal. Una de las razones de su grandeza es que convierte una experiencia íntima en una reflexión universal sobre la esperanza frente al sufrimiento. Aunque el motivo inmediato sea, con toda probabilidad, la enfermedad de Leonor, el poema habla también de la capacidad del ser humano para seguir esperando incluso cuando la realidad parece anunciar un desenlace inevitable.
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Comentarios destacados a este poema en YouTube:
- Maravillosa
- Un placer, como siempre, escuchar estos poemas a través de tu voz. Gracias Inma!
- Como siempre, dando un punto especial a poemas que nos son tan cercanos. Gracias Inma!
- Qué hermoso poema y qué bien recitado!
- Hermoooosooo!!!!
- …
Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.
¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.
No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.
Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.
Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas de alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.