Había una vez una princesa que era tan buena y tan caritativa, que su pueblo la llamaba la princesa Compasiva. La princesa no se interesaba nada más que por las personas que sufrían. Bueno, pues habrá que buscar a un joven noble que sea total e irremediablemente desdichado, de tal forma que la princesa se sienta tan atraída por él como para concederle su mano. ¿Seguro que es muy desdichado?
Habrá que ponerlo a prueba…
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