Las fuentes de Granada

Francisco Villaespesa

«Las fuentes de Granada» es un recorrido emocional por el corazón de la ciudad a través del sonido constante del agua. Francisco Villaespesa nos invita a escuchar este elemento no como algo decorativo, sino como un ser vivo que siente, sufre y recuerda. En el silencio de la noche, el agua actúa como guardiana del sueño de la ciudad, relatando leyendas antiguas que se resisten a desaparecer.
El poeta nos muestra distintas facetas de estas fuentes: algunas suspiran tímidas entre las flores de los jardines, otras caen con la fuerza de un torrente, e incluso hay algunas que parecen «desangrarse» con tristeza por las paredes. Toda esta variedad refleja el dolor y la belleza de un pasado glorioso, comparando las gotas de agua con las perlas de una antigua sultana. Para el autor, esta música es algo sagrado, un lenguaje divino que nos permite conectar con los misterios más profundos.
Por otro lado, el agua simboliza la vida y la identidad de la ciudad. El poeta afirma que “la sangre de Granada corre por esas fuentes”, lo que sugiere que forman parte esencial de su espíritu. En conjunto, el poema transmite una mezcla de belleza, misterio y tristeza, convirtiendo las fuentes en un símbolo poético de la memoria y el alma de Granada.

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Las fuentes de Granada…
¿Habéis sentido,
en la noche de estrellas perfumada
algo más doloroso que su triste gemido?

Todo reposa en vago encantamiento
en la plata fluida de la luna.

Entre el olor a nardos que se aspira en el viento,
la frescura del agua es como una
mano que refrescase la sien calenturienta.

El agua es como el alma de la ciudad. Vigila
su sueño, y al oído
del silencio le cuenta
las leyendas que viven a pesar del olvido.

Y bajo las estrellas de la noche tranquila
tiene palpitaciones de corazón herido.

¡La voz del agua es santa!
Quien la profunda música de su acento adivina,
comprenderá algún día la palabra divina…
¡El agua es guzla donde Dios sus misterios canta!

Las fuentes de Granada…
¿Habéis sentido,
en la noche de estrellas perfumada
algo más doloroso que su triste gemido?

Una, gorgoteante, suspira entre las flores
de un carmen, esperando la mano de un ensueño
que abra a la blanca luna sus claros surtidores
para dar a la noche sus diamantes de sueño;
y mientras, sobre el mármol, una a una, desgrana
las perlas de sus ricos collares de Sultana.

Algunas se despeñan como ecos de torrente
y entre las alamedas descienden rumorosas,
arrastrando en el vivo fulgor de su corriente
en féretros de espumas, cadáveres de rosas.

Otra, por las paredes resbala lentamente,
y entre las verdes hiedras lagrimear se siente,
como si poco a poco, por una estrecha herida,
se fuese desangrando hasta quedar sin vida.

Las hay ciegas, y en ellas
llora toda la móvil plata de las estrellas.

Hay en el aire tanta humedad que da frío.
La noche un fresco aroma acuático deslíe.
El agua llora, gime, suspira, canta y ríe,
y dominando el gárrulo y eterno murmurio
se oyen plañir las roncas serenatas del río…

La sangre de Granada corre por esas fuentes
y en el hondo silencio de las noches serenas,
al escuchar sus músicas sobre los viejos puentes,
la sentimos que corre también por nuestras venas.

Aduerme nuestro espíritu su musical encanto,
bebemos el ensueño de sus respiraciones,
penetra hasta la carne en lentas filtraciones
y huye por nuestros ojos en un furtivo llanto…

Las fuentes de Granada…
¿Habéis sentido,
en la noche de estrellas perfumada
algo más doloroso que su triste gemido?

 

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