Federico García Lorca
«Romance de la pena negra» forma parte del libro Romancero gitano, publicado en 1928 por la Revista de Occidente. Esta obra consolidó a Federico García Lorca como una de las grandes voces de la poesía española del siglo XX.
El poema presenta a Soledad Montoya, una mujer consumida por una tristeza que ni ella misma logra satisfacer. Mientras recorre el monte en busca de recuperar su alegría y su propia identidad, dialoga con una voz que intenta comprender el origen de su sufrimiento y ofrecerle consuelo. Sin embargo, queda claro que su dolor no nace de un hecho concreto, sino de un vacío interior que la acompaña constantemente y que ninguna búsqueda puede remediar.
La llamada «pena negra» simboliza un sentimiento permanente de desasosiego, ligado a la conciencia de los límites de la existencia y al anhelo de una plenitud imposible. El personaje de Soledad Montoya responde a esa intención poética y no representa a una persona concreta, sino que es la personificación misma de la Pena.
Este poema es una de las composiciones más representativas de Romancero gitano porque reúne algunos de los temas esenciales del universo lorquiano: la identidad, el destino, la soledad y el dolor interior. La figura de Soledad Montoya trasciende el ámbito andaluz para convertirse en un símbolo de toda persona que busca, sin encontrarla plenamente, la paz consigo misma.
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Comentarios destacados a este poema en YouTube:
- Tanta tristeza… Incluso duele como propia si te dejas llevar. Gracias
- Deja el corazón encogido. Me encanta.
- Majestuosa vuestra intervención. Q fuerza en la interpretación y, al mismo tiempo, q calidez. Música y dibujos una joya más q añadir a vuestro trabajo.
- Ay, qué tristeza nos has transmitido. Súper bien recitado
- Hoy habéis conseguido acercarnos, a la pena más absoluta, a esa que nada ni nadie consuela. Tú con ese tono desgarrado y Antonio con esos trazos que envolvían, tan bien, el relato. Un pellizco en el alma!
- …
Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
—Soledad, ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
—Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
—Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
—No me recuerdes el mar
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
—¡Soledad, qué penas tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
—¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache, carne y ropa.
¡Ay, mis camisas de hilo!
¡Ay, mis muslos de amapola!
—Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya.
Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza
la nueva luz se corona.
¡Oh, pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh, pena de cauce oculto
y madrugada remota!