León Felipe
El poema «Credo» de León Felipe pertenece al libro ¡Oh, este viejo y roto violín!, publicado en 1966, durante los últimos años de la vida del poeta, cuando residía exiliado en México. Se trata de una etapa marcada por la reflexión sobre la vejez, la muerte y el sentido último de la existencia.
Desde los primeros versos, el poeta se presenta como un hombre anciano que permanece esperando el final de su vida. Mientras aguarda ese momento, revisa su pasado con una sinceridad absoluta y llega a una conclusión dolorosa: considera que ha desaprovechado sus dones y contempla su existencia como un fracaso. Sin embargo, esa mirada crítica no desemboca en la desesperación. Poco a poco surge una esperanza basada en la convicción de que el alma continúa su camino más allá de la muerte. El poeta imagina que cada nueva existencia ofrece otra oportunidad para corregir los errores cometidos y avanzar lentamente hacia una perfección espiritual. De este modo, el sufrimiento deja de entenderse como un castigo definitivo y pasa a convertirse en un proceso de aprendizaje y purificación que culmina en el encuentro con la Luz, símbolo de Dios y de la plenitud.
La intención principal del poema es transmitir una profunda confianza en la misericordia divina y en la posibilidad de redención del ser humano. Resulta significativo que esta visión de las sucesivas vidas no forme parte de la doctrina oficial del cristianismo, sino que responda a una interpretación personal de León Felipe, influida por una espiritualidad abierta y universalista, aspecto ampliamente señalado por la crítica literaria. Así, el poeta transforma la angustia ante la muerte en una esperanza serena, afirmando que el amor y la luz poseen un carácter eterno, mientras que el dolor y el mal son únicamente etapas transitorias.
La sinceridad de la voz poética, unida a su confianza en que siempre existe una nueva oportunidad para mejorar, hace de este poema uno de los testimonios espirituales más conmovedores de la última etapa creadora de León Felipe.
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Comentarios destacados a este poema en YouTube:
- Uf! Todo adquiere otra dimensión cuando lo «cuentas» tú.
- Bravo!!! Me ha llegado al alma
- Precioso y esperanzador poema q nos abre caminos y nos transporta quien sabe dónde… pero con tu voz, con esa música y ese devenir… mejor dejarse llevar. Una vez más, Zorionak por vuestro trabajo.
- Un lujo conocer este emotivo y esperanzador poema, a través de tu voz, con la que siempre les das a cada uno la calidez, la ternura, la emoción o la alegría que necesitan. El viaje en ese tren que nos lleva quien sabe dónde y la música que acompaña el viaje, acertadísimas y aportando lo que el poema necesita.
- Emocionante tu voz expresando ese dolor, esa duda existencial, la carga del tiempo (tan bien representada por el paisaje visto desde el tren)… Todo perfecto para mostrar un hombre que siente la dolorosa impermanencia del humano.
- Gracias
- Me encanta como recitas los poemas. Tu voz hace que los sienta con más emoción y las imágenes, como siempre, espectaculares. Buen equipo.
- Un poema esperanzador y trascendente, que nos dices con voz sensible y trémula, casi susurrante, mientras el tren, como la vida, pasa y pasa… Magnífico!
- …
Aquí estoy…
En este mundo todavía… Viejo y cansado… Esperando
a que me llamen…
Muchas veces he querido escaparme por la puerta maldita
y condenada
y siempre un ángel invisible me ha tocado en el hombro
y me ha dicho severo:
No, no es la hora todavía… hay que esperar…
Y aquí estoy esperando…
con el mismo traje viejo de ayer,
haciendo recuentos y memoria,
haciendo examen de conciencia,
escudriñando agudamente mi vida…
¡Qué desastre!… ¡Ni un talento!… Todo lo perdí.
Sólo mis ojos saben aún llorar. Esto es lo que me queda…
Y mi esperanza se levanta para decir acongojada:
Otra vez lo haré mejor, Señor,
porque… ¿no es cierto que volvemos a nacer?
¿No es cierto que de alguna manera volvemos a nacer?
Creo que Dios nos da siempre otra vida,
otras vidas nuevas,
otros cuerpos con otras herramientas,
con otros instrumentos… Otras cajas sonoras
donde el alma inmortal y viajera se mueva mejor
para ir corrigiendo lentamente,
muy lentamente, a través de los siglos,
nuestros viejos pecados,
nuestros tercos pecados…
para ir eliminando poco a poco
el veneno original de nuestra sangre
que viene de muy lejos.
Corre el tiempo y lo derrumba todo, lo transforma todo.
Sin embargo pasan los siglos y el alma está, en otro sitio…
¡pero está!
Creo que tenemos muchas vidas,
que todas son purgatorios sucesivos,
y que esos purgatorios sucesivos, todos juntos,
constituyen el infierno, el infierno purificador,
al final del cual está la Luz, el Gran Dios, esperándonos.
Ni el infierno… ni el fuego y el dolor son eternos.
Sólo la Luz brilla sin tregua,
diamantina,
infinita,
misericordiosa,
perdurable por los siglos de los siglos…
Ahí está siempre con sus divinos atributos.
Sólo mis ojos hoy son incapaces de verla…
estos pobres ojos que no saben aún más que llorar.