Noche oscura

San Juan de la Cruz

El poema “Noche oscura”, de San Juan de la Cruz, es una de las cumbres de la poesía mística española. En él se representa, mediante símbolos y un lenguaje amoroso, el camino del alma hacia la unión con Dios. La “noche” simboliza un estado de recogimiento y purificación interior que permite abandonar las preocupaciones terrenales para alcanzar una experiencia espiritual más profunda.
El yo poético relata una salida secreta en busca del “Amado”, figura que representa a Dios, guiado únicamente por la luz que arde en su corazón. La noche, lejos de ser una imagen negativa, aparece como un espacio de intimidad y de encuentro, hasta culminar en la fusión del alma con el Amado y en un estado de paz y plenitud.
La biografía del autor ayuda a comprender mejor el poema. San Juan de la Cruz estuvo recluido durante varios meses en un convento de Toledo debido a los conflictos surgidos por la reforma de la orden carmelita. Las duras condiciones de aquel encierro marcaron profundamente su espiritualidad y muchos estudiosos consideran que esa experiencia influyó en la composición de algunos de sus versos. La oscuridad, la soledad y el sufrimiento vividos por el poeta se transforman aquí en un símbolo de esperanza y de unión con lo divino.
En definitiva, “Noche oscura” es una obra que combina una gran belleza literaria con una profunda experiencia espiritual, mostrando cómo el sufrimiento y la búsqueda interior pueden conducir a una transformación del alma.

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En una noche oscura
con ansias en amores inflamada,
¡oh, dichosa ventura!,
salí sin ser notada
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡oh, dichosa ventura!,
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh, noche que guiaste!
¡Oh, noche amable más que la alborada!
¡Oh, noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire del almena
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería
y todos mis sentidos suspendía.

Quedeme y olvideme.
El rostro recliné sobre el Amado.
Cesó todo y dejeme
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

 

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