Noches de luna – A Juan Ramón Jiménez

Juan Ramón Jiménez - Antonio Machado

Noches de luna: Los conflictos internos del poeta se traducen en una profunda tristeza. Esta tristeza, motivada por el amor, la plasma bellamente en el poema.

A Juan Ramón Jiménez: Antonio Machado se basó en el poema Nocturno II (Noches de luna) para homenajear a J.R.J. por su libro Arias tristes.

En el montaje enlazamos ambos poemas ya que los elementos que cita J.R.J. los utiliza Machado en el que le dedicó.

Reproducir el vídeo del Poema

Noches de luna
Juan Ramón Jiménez

Las noches de luna tienen
una lumbre de azucena,
que inunda de paz el alma
y de ensueño la tristeza.
Yo no sé que hay en la luna
que tanto calma y consuela,
que da unos besos tan dulces
a las almas que la besan.
Si hubiera siempre una luna,
una luna blanca y buena,
triste lágrima del cielo
temblando sobre la tierra,
los corazones que saben
por qué las flores se secan,
mirando siempre a la luna
se morirían de pena.
Mi jardín tiene una fuente,
y la fuente una quimera,
y la quimera un amante
que se muere de tristeza.
Y cuando viene la luna
con su lumbre de azucena,
abro mi balcón y sueño
por todos los que no sueñan.
La brisa trae en la noche
besos, mimos y cadencias,
algo virginal y triste
a la luz de las estrellas;
y yo pienso en los jardines
que nunca veré, en las rejas
sin amores, en las novias
dormidas en su inocencia;
en las manos que esta noche
divina de primavera,
no tendrán quien acaricie
su blancura y su belleza;
en la ilusión encantada
que, siguiendo sus quimeras,
tendrá esta noche tranquila
tantas ventanas abiertas.

A Juan Ramón Jiménez
Antonio Machado

Era una noche del mes
de mayo, azul y serena.
Sobre el agudo ciprés
brillaba la luna llena,
iluminando la fuente
en donde el agua surtía
sollozando intermitente.
Sólo la fuente se oía.
Después, se escuchó el acento
de un oculto ruiseñor.
Quebró una racha de viento
la curva del surtidor.
Y una dulce melodía
vagó por todo el jardín:
entre los mirtos tañía
un músico su violín.
Era un acorde lamento
de juventud y de amor
para la luna y el viento,
el agua y el ruiseñor.
«El jardín tiene una fuente
y la fuente una quimera…»
Cantaba una voz doliente,
alma de la primavera.
Calló la voz y el violín
apagó su melodía.
Quedó la melancolía
vagando por el jardín.
Sólo la fuente se oía.

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