Federico García Lorca
El «Romance de la luna, luna» es el poema que abre el libro Romancero gitano, publicado en 1928 por la Revista de Occidente, aunque este romance fue escrito hacia 1924 y apareció previamente en revistas literarias en 1926 y 1927.
El argumento es sencillo pero profundamente simbólico. La luna desciende a una fragua y seduce a un niño con su belleza. El niño intenta advertirle de la llegada de los gitanos, pero la luna continúa su danza y finalmente se lo lleva consigo. Cuando los gitanos llegan, el niño ha muerto. No se trata de una muerte violenta narrada de forma directa, sino de una muerte convertida en un acontecimiento poético y casi mágico.
La gran protagonista es la luna, uno de los símbolos más importantes de Lorca, que representa principalmente la muerte, aunque también la belleza, el deseo y el misterio. La fragua simboliza el mundo humano y cotidiano, mientras que el niño encarna la inocencia. El contraste entre ambos crea una atmósfera en la que la fascinación por la belleza conduce inevitablemente al destino final.
Mediante un lenguaje accesible, casi de nana infantil, Lorca fusiona la tradición popular con metáforas vanguardistas, logrando transformar una escena de profundo dolor en una imagen literaria de inmensa belleza y sensibilidad.
Manuel Dicenta, en la RESAD, nos comentó que un gran recitador lo tenía en su repertorio, pero cuando lo declamaba no tenía una buena acogida. Un día lo interpretó acompañándolo con unos golpes de percusión, como si de un martinete se tratara. La ovación que le tributó el público fue apoteósica. Rememorando este hecho hemos puesto como fondo musical del poema el ritmo de los martillos de los forjadores en la fragua.
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Comentarios destacados a este poema en YouTube:
- Como cada una de vuestras obras de arte: sublime. Gracias por regalarnos estos dulces momentos.
- Gracias Inma! Sabes emocionarnos siempre
- Los pelos de punta, precioso poema que es puro preciosismo en tu voz. Las imágenes, insuperables. La música da un contrapunto desgarrador a las ya duras palabras.
- Me sumo al comentario anterior. Resulta muy emocionante escucharte en este poema de Lorca. Gracias, Inma!
- No conozco a quienes te dedican esos comentarios. Sólo puedo estar totalmente de acuerdo.
- …
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.