Federico García Lorca
El «Romance sonámbulo» fue publicado en 1928 en Madrid como parte de su célebre libro Romancero gitano.
El poema nos sumerge en una atmósfera de ensueño (o pesadilla). Utiliza el recurso de la polifonía (varias voces) a través del diálogo dramático entre dos personajes.
Un joven contrabandista o gitano, gravemente herido tras un enfrentamiento (probablemente con la Guardia Civil), llega de noche a la casa de su amada y se encuentra con el padre de la muchacha. Viene buscando refugio y esperando reencontrarse con ella. Durante el camino repite su deseo de cambiar su caballo, su montura y su cuchillo por llegar vivo a la casa, lo que muestra que está agonizando.
Cuando logran subir a las «altas barandas», descubren que la joven ya no está viva. Todo indica que ha muerto antes de su llegada, posiblemente ahogada en el aljibe o en la cisterna de la casa, aunque Lorca nunca lo afirma de forma explícita. El poema termina con la imagen de la muchacha flotando sobre el agua, mientras la Guardia Civil se acerca, cerrando así una tragedia inevitable.
El verso más conocido, «Verde que te quiero verde», funciona como un estribillo que marca el ritmo y resume el simbolismo del poema. El color verde puede representar la esperanza, la naturaleza, el deseo o incluso la muerte, dependiendo del momento. Esta ambigüedad es una de las características principales de la poesía lorquiana.
De joven tuve que preparar este poema y mi primera impresión fue que la “niña amarga” se había suicidado después de que la forzaran los guardias civiles borrachos; ante el temor de que lo repitieran prefirió matarse. Temor que se hubiese cumplido si no hubiese tomado esa decisión. Regresaron, pero ya era un cuerpo inerte: “Guardias civiles borrachos en la puerta golpeaban.”
En conjunto, Romance sonámbulo es un poema que invita a sentir antes que a explicar. Su mezcla de tradición popular, simbolismo y emoción hace que siga siendo una de las obras más representativas de la poesía española del siglo XX y un excelente ejemplo del universo poético de García Lorca.
Reproducir el vídeo del Poema
Comentarios destacados a este poema en YouTube:
- MARAVILLOSO!!!!
- Excelente forma de recitar este poema
- Qué bien has captado el alma de esta maravillosa obra! Y qué tragedia que al poeta le robaran la vida y a nosotros, su futura obra…
- En cada poema te superas!!! Me encanta escucharte y el acompañamiento de música e imágenes totalmente integradas en la poesía!
- Siempre me gustó mucho, pero oírtelo a ti le da una nueva dimensión. Y muy logradas las imágenes.
- Creo que es uno de los poemas más hermosos de García Lorca. Lo has recitado con mucho sentimiento e incluso con el toque de amargura que requiere. Gracias, Inma!
- …
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
-Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
-Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
-Compadre, quiero morir,
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
-Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
-Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
-¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos.
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.