Preciosa y el aire

Federico García Lorca

A Dámaso Alonso

El poema “Preciosa y el aire” pertenece al libro Romancero gitano, publicado en 1928 por la Revista de Occidente en Madrid. Se trata de una de las obras más importantes de Federico García Lorca, escrita durante los años veinte, una época de intensa renovación artística en España, en la que convivían las vanguardias con la recuperación de la tradición popular.
En la mitología griega, existía la creencia de que el viento Bóreas (o Céfiro) podía preñar a las mujeres o a las yeguas solo con soplar sobre ellas. En la tradición popular española —y muy especialmente en el ámbito rural y gitano de la época de Lorca—, esta idea pervivía de forma velada. Atribuir un embarazo inesperado a «un mal viento» o a un «aire» era una metáfora recurrente, una forma poética (y a veces socialmente protectora) de justificar un embarazo extramatrimonial, evitando así la deshonra o la violencia.
Lorca versifica esta leyenda de una manera bellísima pero también inquietante, dotando al viento de una agresividad sexual evidente.
Uno de los aspectos más destacados es el uso constante de símbolos, recurso característico de Lorca. El viento simboliza la fuerza del deseo, la violencia o el impulso incontrolable; Preciosa encarna la inocencia y la libertad; y elementos como la luna, el mar o los olivos crean una atmósfera misteriosa y profundamente poética. También es muy importante la personificación, ya que el viento adquiere rasgos humanos y se convierte prácticamente en un personaje más del poema.
En conjunto, “Preciosa y el aire” es un poema que une tradición y modernidad para expresar, mediante un lenguaje muy visual y musical, la fragilidad de la inocencia frente a las fuerzas oscuras del deseo y la violencia. Su riqueza simbólica permite distintas interpretaciones y explica por qué sigue siendo uno de los textos más representativos de la poesía española del siglo XX.

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Comentarios destacados a este poema en YouTube:

  • Por un momento he llegado a ver a Preciosa huyendo y el viento dibujado por las nubes, mordiendo en su inmensa frustración. ¡Qué regalazo!
  • Precioso Poema. Preciosas imágenes. Cuando ya creía q habíais llegado a la cúspide, me sorprendo una vez más, ante vuestro bien conjugado trabajo. Preciosa voz. Enhorabuena artistas.
  • Es tan fácil imaginar, oyéndote, y viendo el viento correr, sentir la premura de Preciosa… que parece que solo falta ayudarla tirando de su mano, para ponerla a salvo. Una maravilla.
  • Sugerente atmósfera la que recreas recitando este maravilloso poema. Lorca vive!
  • Cuánta belleza en las palabras, en la voz y en las imágenes!

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por el anfibio sendero
de cristales y laureles.

El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.

En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.

San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira a la niña tocando
una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.

 

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